Hay un sendero mágico en el aquí y ahora

que correlociona

las llamadas con los encuentros,

los misterios con los milagros,

los deseos con los ensueños.

Piensa… piensa en ti.

Sé que esto es un pecado,

pero piensa en ti,

conserva este detalle en tus manos,

hazlo posible

mézclate en la lluvia de tu alma,

brota…

Coge la espada, porque has de matarte

toma estas flores porque has de venerarte

ensancha tu casa,

los críos ya lloran,

están en tu vientre,

escucha al hombre que marcha…

Piensa en ti.

Las almas gemelas se dejan…

Vas cardando mi Alma,

apenas musito palabras,

bordeando una extraña jaula…

Se han empobrecido

los pasos de este camino,

se ha desvanecido,

el tiempo tan bien elegido…

Sé mi pecado…

sé mi privado…

sé todo lo que yo no puedo…

opuesto a mí,

complementario a mí,

tú eres así…

Llueve

y sale el sol para ti…

ríes

y se nubla para mí,

me miras

y cae la noche en mí…

Porque te miro,

y veo al sol fuera de mí.

AN’ANASHA

Un día cualquiera,

en un instante cualquiera,

me desbordaré.

‘Gracias’

no será insuficiente,

perderá toda sonoridad…

Podrás saberlo en mis ojos,

que brillan de felicidad,

mis manos,

que encontrarán nerviosas

a su viejo amigo, el hado,

mis sueños,

casi nítidos a los demás.

Un día cualquiera,

en un instante cualquiera,

mi hilo de voz temblará,

más de lo habitual.

Habré perdido un instante,

habré ganado a un ángel,

una palabra me desterrará,

y desbordada

me hallaré en la inmensidad.

Y un pensamiento cualquiera

un sentimiento a quienquiera

en un lugar dondequiera…

acogerá en su infinitud,

una chispa de mi Alma.

Una chispa cualquiera…

Un reino olvidado

Poseo un reino;

en él me enardezco.

Salgo a pasear,

y me aplauden,

alzo la voz

y me complacen…

ése es el reino.

Y al caer el Sol,

iluminan con velas

el camino a casa,

y me llevan

en volandas,

y es ahí,

cuando el adiós se hace instante

que soy destronada…

Y ese es todo mi reinado.

Hay días que callo,

sospecho que me autoengaño,

hay días que clamo,

sintiendo la fuerza

que asemejaría mi llanto,

hay días que mancho,

tintas brotando al desecado,

y me quitas la corona

para entronarme,

para que me sienta tan desnuda

que descubra mis oídos

y mis manos,

esos que reinan cuando olvido

el país de los olvidados.

Y yo,

        soy así…

La amo.

Ella dejó de hablarme pero la amo.

Ella rompió la sangre pero la amo,

los lazos que nos ligaban

pero no sangro.

Amo su silencio,

amo este misterio,

amo mis derechos,

amo sus secretos.

Amo el dolor con que se nutre la vida

para transmutarse a sí misma,

respeto profundamente

si lo hace desde el blanco

o con el negro,

desde la tristeza o la alegría,

desde mi vida o la suya,

desde el presente o la lejanía.

Se para el dolor si lo toco,

porque no tengo miedo

de atisbar su valor…

respeto profundamente

los null del código en esta vida.

Existe un plan oculto

en cada uno de nosotros.

El plan de odiarnos, de maltratarnos, de no escucharnos.

Hay un ángel caído en nuestro corazón,

toca todos los días nuestras lágrimas

pero nunca es bastante,

sabe que no hay estrellas suficientes en el universo

para describir este silencio.

El silencio de la VERDAD.

Mira la energía,

deslizarse…

Mira la energía,

habitar mi cuerpo,

perseguir los ecos

y reconstruir los sueños.

Observa el calor con que acontecen,

la mimada caída

con que llegan y te mecen.

Juegan,

y ‘pierden’,

juegan,

y sienten,

todo fluye

y nada pertenece.

Migraciones al extremo del dolor,

Yin y Yang reconociéndose en el Yo.

Me sitúo en el centro

porque se mueve.

Gracias por el agua,

… aún llueve.

Me reflejo en el Sol,

y el colorido de tu polo,

soy de adiós y hasta pronto,

hasta que el Año Nuevo

me recuerde los silencios,

creo en la Matrix de Neo

y en que los recuerdos vuelven,

cuando los echamos de menos…

Fui turista de sombras,

¡y ahora toca llorar!

Ocurre todos los días.

Abro mi corazón

y el más tímido atisbo de Luz

supone la redención del color.

Aunque ocupado en matutinas complicaciones

el mundo sigue girando,

es inevitable la vibración,

Almas que laten al son de Dios,

yin-yang,

y comienza la canción…

Llega el fin de semana,

y Tristán suspira consciente…

consciente de que en su pecho se atisba…

el misterio de un abismo incipiente

el preludio de un terrible misterio.

Y es la Luz,

desterrando a los enterrados,

recordando a los olvidados,

enseñando a los acomodados,

despertando

el dolor silenciado.

Y es la Luz.

Porque hubo dictadura de Silencio

para callar el dolor,

hubo Guerra Fría,

e incluso espías

para sabotear la Sanación.

El torrente inunda el corazón,

ignorando cuánto duele su canción,

y salvas las lágrimas en tus ojos,

fugitivas, prohibitivas.

Y tú Tristán,

me preguntas,

¿cuándo, cuánto,…

puede durar?

¡Y oso responderte con lágrimas!

Pues mi corazón

es patrimonio de esa Luz.

 

Comentario: Tristán (nombre ficticio) es viudo, y apenas
mantiene diálogo con su única hija.  Le pregunté porqué
se sentía triste en los días de fiesta, y me explicó que
era cuando la veía a ella.

Solitarios, insidiosos,

incomunicados, gestos vagos,

frustrados y desolados,

desarmados y desconsolados,

han sido alterados

y no son capaces de corregir

la estela correcta en el placer.

Girados, volteados,

son profundamente amados

por gestos misteriosos,

velos inconscientes,

Maestros puros,

incompletos de lo hercúleo.

Soy yo.

Basta de excusas, de quehaceres,

densidades y mutaciones,

el gesto lleva mi nombre,

y lo aproximo al puerto de lo etéreo,

porque es ahí donde sacrifiqué mi poder…

Y sufro en la inconsciente conquista

del que puede responder.

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